Una divisa estable puede comprar menos si cambian los precios relativos
El cambio nominal convierte monedas; el real compara bienes. Un ejemplo propio separa una cotización sin movimiento de una compra que se encarece.

Que el cambio entre dos monedas permanezca igual no garantiza que una compra en el extranjero conserve el mismo coste relativo. El Fondo Monetario Internacional distingue la cotización nominal del tipo de cambio real, que incorpora los precios de los bienes comparados.
Tomemos un ejemplo inventado con dos territorios y un producto equivalente. Una unidad de la moneda de A compra dos unidades de la moneda de B. El producto cuesta diez en A y veinte en B. Convertir los veinte de B a moneda de A da diez: en ese punto, ambos precios coinciden.
Si el precio de B pasa a veinticuatro y el de A sigue en diez, mantener el mismo cambio deja la compra extranjera en doce unidades de A. Se ha encarecido un 20% respecto al precio inicial convertido, aunque la cotización no haya variado. Ninguna de estas cifras es una cotización ni un precio observado.
La utilidad de la cuenta es localizar qué cambió: la moneda, el precio del producto o ambos. Un presupuesto de compra puede registrar por separado el importe local y el factor de conversión. Así no se atribuye a una depreciación una diferencia que, en el ejemplo, procede exclusivamente del precio extranjero.
Un producto aislado no representa el coste de vida completo ni demuestra que una moneda esté sobrevalorada. Los indicadores reales utilizan índices y decisiones metodológicas que deben leerse con su periodo y cobertura. Además, el gasto final de una operación puede incluir conceptos adicionales. Esta comparación educativa no pronostica movimientos de divisas ni recomienda una posición.